Al llegar cerca del portal, observó entre la niebla negra, una silueta que parecía de mujer. Portaba una enorme capa; recubierta de caracolas marinas.
Ella, se detuvo y clavo sus ojazos indígenas y salvajes en él. Shiva se sintió algo intimidado, pero no dejo de correr hacía ella; como atraído por un imán. Al acercarse pudo ver la enorme capa negra, recubierta toda ella por caracolas diversas.
Shiva, como buen Budista, no dijo lo que su boca quería
preguntar ni vio el infierno de llamas; que reflejaban aquellos
ojos vivarachos. Entonces, Shiva le susurró al oído, cobijándose
dentro del armazón marino ¿Eres real o estoy soñando despierto?
Él, analizando ingenuamente su sueño, pensó que era la mensajera de la bella muerte. Sí, era mensajera pero no de la muerte como Azis, era una viajera que a través de los tiempos, portaba su Luz clarividente.
MagaEsthel, como mensajera de los tiempos. Poseía los tesoros desde el alba de la humanidad y del por venir. Es hembra matriz, de todos los seres puros y como un corazón plateado, brilla en las sombras. Y en esas tinieblas, donde los seres malignos acechan tras las chispas, de la conciencia humana y de esa locura de algunos privilegiados. De la soledad caliente, del delirio frío y de ese silencio lacerante que se llama poesía, había aprendido que para Ser ella misma, tenía que ir ahí donde no estaba. Después de tantos siglos de existencia, había caído cada vez más hondo. Se encontró cayendo en la nada, hacía ningún lugar. Pero al final ella ¡La Oscura! dejó de serlo y sus labios pequeños pero carnosos, contenían la sed de este mundo. Su Luz interior era ardiente de reflejo helado, no era creadora de vida sino, alumbradora de almas perdidas. Quien recibía su resplandor, conocía aquello que Es. Y entorno a su claridad, el santo era santo, el loco es loco y el ángel podría ser un demonio.













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